La cueva de La Garma, en Cantabria, alberga una vivienda del Paleolítico Superior sellada hace 16.800 años por un derrumbe. La cueva se descubrió en 1995; la cabaña, de cinco metros cuadrados, la documentó en 2023 un equipo de la Universidad de Cantabria, que ha registrado 4.614 objetos y restos de actividades cotidianas, como herramientas de sílex y huesos de animales. El conjunto ofrece una visión única de la vida de los cazadores-recolectores de la época.
La cueva de La Garma, ubicada en el municipio cántabro de Ribamontán al Monte, es uno de los yacimientos arqueológicos más excepcionales de España. Su singularidad radica en que, hace aproximadamente 16.800 años, un derrumbe natural selló una de sus galerías, conservando intacta una vivienda paleolítica y miles de objetos que revelan la vida cotidiana de sus habitantes.
El descubrimiento, documentado en 2023 por un equipo de la Universidad de Cantabria, permitió identificar una estructura ovalada de cinco metros cuadrados. Los investigadores sugieren que la vivienda pudo estar cubierta por una estructura de palos y pieles, sujeta con bloques de piedra y estalagmitas, y en su centro hay un fogón. Alrededor de este, se encontraron herramientas de sílex, restos de animales cazados —como ciervos, caballos y bisontes— y objetos que evidencian actividades como la fabricación de instrumentos y el procesamiento de pieles.
Entre los 4.614 objetos documentados destaca un hueso de uro perforado y decorado con grabados de un uro y un rostro humano, interpretado como un colgante. Según los investigadores, citados por Motorpasión, pocas piezas así existen en el Paleolítico europeo.
Un derrumbe que preservó el tiempo
El aislamiento de esa zona de la cueva se produjo al finalizar la última glaciación, cuando un colapso rocoso bloqueó el acceso. Este evento fortuito evitó que el espacio fuera alterado por sedimentos o visitas posteriores, convirtiéndolo en una cápsula del tiempo. La vivienda y sus objetos permanecieron en su posición original hasta que el yacimiento se descubrió en 1995.
Cada objeto se registra con su posición y su relación con el entorno antes de retirarlo, y con tecnología digital se construyen modelos tridimensionales que permiten estudiar el conjunto sin alterar el yacimiento. La disposición de los objetos sugiere una organización espacial intencionada, donde cada área tenía una función específica dentro del hogar.
Un legado para entender el Paleolítico
La Garma no solo es un hallazgo aislado, sino un referente clave para estudiar el Paleolítico Superior en Europa. Su excepcional conservación y la riqueza de sus restos la sitúan como un laboratorio natural para analizar la organización social, las tecnologías y las expresiones simbólicas de las sociedades cazadoras-recolectoras.
El yacimiento forma parte del conjunto de la «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España», declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su estudio sigue aportando datos cruciales para reconstruir la evolución cultural humana en un periodo crítico de nuestra historia.
Claves
- La cueva de La Garma conservó una vivienda paleolítica intacta durante 16.800 años gracias a un derrumbe natural.
- Se han documentado 4.614 objetos, incluyendo herramientas de sílex, huesos de animales y un colgante decorado con grabados.
- La distribución de los objetos alrededor del fogón central sugiere una organización espacial intencionada.
- El yacimiento, estudiado por la Universidad de Cantabria, ofrece una visión única de las comunidades cazadoras-recolectoras del Paleolítico Superior.
- La Garma forma parte del Patrimonio de la Humanidad y es clave para entender la evolución cultural humana en Europa.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la cueva de La Garma no fue descubierta hasta 1995?
Hace unos 16.800 años, un derrumbe accidental selló una de las entradas de la cueva y bloqueó el acceso a la zona de la vivienda, que no se pudo descubrir hasta 1995.
¿Qué objetos más destacados se han encontrado en La Garma?
Entre los hallazgos más relevantes está un hueso de uro perforado y decorado con grabados de un uro y un rostro humano, interpretado como un colgante simbólico.